Las obras como La Odisea han acompañado a la humanidad por milenios. Quienes no leyeron el libro como tarea durante la educación media, sin duda están familiarizados con alguna de sus partes, porque forman parte de las expresiones y metáforas que usamos para comprender la vida y sus retos. De ahí que, cuando hablamos de una tarea grandiosa, decimos que es toda una odisea; o cuando algo está por ponerse problemático, se advierte: “Aquí va a arder Troya”. La gente reconoce esas referencias.
Hacer una película basada en la obra de Homero es, en sí mismo, un gran reto. Requiere valor, talento y dinero. Christopher Nolan lo hizo. Reunió a un elenco sólido y filmó La Odisea, con lo cual propone una revisión en la memoria de una historia que muchos leímos en la adolescencia, quizá con algo de resentimiento por ser tarea; quienes la leyeron después, probablemente estudiaron literatura, psicología o cine.
El elenco está encabezado por Matt Damon. Le acompañan Tom Holland, Anne Hathaway, Robert Pattinson y Lupita Nyong’o; también participan Zendaya, Samantha Morton, Elliot Page, Charlize Theron y John Leguizamo, entre otros.
Ellos dan vida a personajes conocidos. Damon interpreta a Odiseo, el aventurero inteligente e ingenioso que parte de Ítaca para apoyar a su rey en la guerra de Troya. Tras la victoria, intenta regresar a su hogar, pero los dioses, las tentaciones y diversas desventuras lo mantienen alejado durante 20 años desde su salida. En el trayecto se pierde y se reencuentra consigo mismo, mientras Penélope (Hathaway) lo espera, tejiendo y destejiendo, mientras varios pretendientes buscan casarse con ella y asumir el poder en su reino.
Cada personaje tiene motivos más allá de lo aparente. Esta película no se sostiene por las actuaciones, que, sobra decirlo, cumplen con su cometido, ni por su cinematografía, que mantiene un alto nivel —hay que recordar que Nolan tiene dos Óscar por Oppenheimer—. El valor del filme, como en muchas buenas películas, está en la historia.
Y la historia es una cadena de retratos y escenas que reflejan la esencia de la humanidad. Por eso ha sobrevivido miles de años y se ha incrustado en la psique colectiva.
El filme incluye los grandes pasajes del poema épico y conduce al espectador por la jornada de Odiseo, no de forma necesariamente lineal, sino cinematográfica. Las historias sobre su victoria en Troya y el famoso caballo ya llevan ocho años circulando cuando inicia la película. Su hijo Telémaco (Holland), que era pequeño cuando Odiseo partió, ya es un adulto y sale también en un viaje a buscar a su padre.
Los personajes esenciales están presentes: los gigantes lestrigones, la hechicera Circe (Morton), el cíclope Polifemo, las sirenas y sus cantos mortales, el monstruo de seis cabezas y el remolino que traga barcos enteros. También aparecen Calipso (Theron), quien enamorada de Odiseo lo mantiene cautivo en su isla; los dioses que lo castigan, y Atenea (Zendaya), la diosa de la sabiduría que lo guía y protege.
Cada peligro y cada personaje, como en toda mitología, representan pasiones, deseos o miedos humanos. Ahí radica parte del impacto del filme.
Es una pieza de entretenimiento de tres horas, con escenas bien logradas. La cámara se acerca constantemente a los personajes mediante primeros planos, lo que genera familiaridad. Hay drama, batallas, escenas en alta mar y momentos de ternura que sostienen el interés del espectador.
A fin de cuentas, la película continúa la tarea de actualizar y mantener viva esta obra milenaria. Las historias que cuenta representan tanto a la humanidad de la época de Homero como a la actual, porque los motivos, sentimientos, ambiciones, dudas, deseos y creencias que inspiraron al autor griego siguen vigentes.
Si algo deja claro La Odisea es que la evolución humana no ha sido tan profunda como se presume, aunque también existen fuerzas que preservan su esencia positiva, como el deseo de regresar al hogar donde están los nuestros. La verdad, el amor y la lealtad también están presentes en este filme y en la obra original.
No todo es bueno ni todo es malo; esa es la clave que hay que entender, y La Odisea ilustra esa idea con claridad.



