Las silenciosas formas en que nos volvemos luz
Desde mi mirada de ministra interespiritual, reflexiono sobre cómo nuestras palabras y gestos cotidianos pueden ser canales de la Divinidad, y cómo cada quien participa en la evolución del mundo
En los últimos días he tenido experiencias interesantes. Me he topado con personas que me han dicho que alguna acción mía tuvo un efecto positivo en sus vidas. No es la primera vez que esto me pasa, pero ahora lo he recibido con más atención.
Hace años estaba dando una serie de talleres sobre el uso del español en los medios en Estados Unidos. En Texas, en San Antonio —si mal no recuerdo—, después de terminar el curso de varias horas, la organizadora y los alumnos me invitaron a una comida. En un momento dado, una chica se acercó, me ofreció una copa de vino y me dijo que me la invitaba para darme las gracias porque, con mi charla, acababa yo de cambiarle la vida. Me quedé sorprendida, porque mi taller era sobre ortografía y gramática. Claro que siempre doy contexto, cuento anécdotas, comparto experiencias, para que la gente no se quede dormida. Me imagino que fue alguna de esas historias la que la conmovió.
La semana pasada alguien me dijo algo semejante: que le había dado esperanza y confianza en que podía hacer una carrera en comunicación en Estados Unidos, después de haber hecho ya una trayectoria en México. Esa frase me acompañó varios días, como si me la hubieran dejado en las manos para contemplarla.
A estas alturas del camino, estoy totalmente consciente de que lo que la gente ve en mis acciones es, por una parte, un reflejo de ellas mismas, y por otra, la Divinidad dándoles un mensaje a través de mí. Yo solo asumo con humildad la tarea y, desde luego, trato de ser consciente de cómo hablo y de lo que digo. No siempre lo logro, pero lo intento.
He estado meditando en todo esto durante semanas. En un círculo de lectura en el que participo con otras acompañantes espirituales, hemos leído lo que algunos místicos han dicho sobre la divinidad en el ser humano. Es un tema complejo, y muchas veces queda encasillado en los límites que las distintas religiones establecen dentro de su teología.
En ese sentido, yo, como ministra interespiritual, tengo un poco más de libertad para analizar ideas y conceptos, pero, sobre todo, para tratar de intuir la verdad. Y aquí reconozco la influencia de pensadores como el sacerdote Pierre Teilhard de Chardin: creo que todas y todos tenemos un papel en la forma en que evoluciona el mundo. En este momento vivimos, como humanidad, un tiempo difícil, lleno de incertidumbre y de temores. Sin embargo, también creo que, dentro de este caos, todos tenemos una tarea clave: ser la mejor versión de nosotros mismos.
Todos somos parte del todo, y este todo está evolucionando. Y si está evolucionando, la evolución tiene que ser hacia algo mejor. Los comentarios que me ha hecho la gente me han recordado que, aunque no seamos conscientes de ello, nuestras acciones y nuestras palabras tienen un efecto en los demás. No tenemos que ser influencers con miles de seguidores en redes sociales. A veces una sola frase que sale de nosotros, una idea, una sonrisa, una actitud, es suficiente para encender una luz en otra persona.
Una muy querida amiga me dijo que ella también ha recibido este tipo de comentarios. A veces puede sentirse como una responsabilidad pesada, como si tuviéramos que sostener el mundo con nuestras manos. Pero yo creo que, más bien, se trata de confiar: tener fe, seguir meditando, estudiando, observándonos a nosotros mismos y enfocar nuestros esfuerzos en ser mejores. Lo demás llega solito. El universo pone todo en su lugar.
Te invito a meditar sobre las personas que han tenido un impacto en ti: un maestro, un familiar o incluso un desconocido que apareció solo un instante en tu vida. También puedes reflexionar sobre cómo has sido luz para otras personas y, por último, en este proceso de evolución individual, sobre qué tipo de ser humano quieres llegar a ser. Al final del día esa es nuestra contribución para que el mundo avance y mejore para todos.
Gracias por pasar por aquí. Hasta la próxima.




Querida guía espiritual, muchas gracias por seguir iluminando mi camino. Sus palabras son sabias y simples y me recentran y recuerdan por qué estamos en este momento y lugar juntos e individualmente haciendo nuestros senderos y dejando huellas.
Muchas gracias y espero su nuevas palabras iluninadoras.