Por cuestiones de trabajo, recientemente me ha tocado participar en talleres de inclusión cívica en mi ciudad. He asistido a eventos organizados por tres organizaciones comunitarias distintas que brindan servicios a grupos históricamente marginados.
Este tipo de encuentros me gusta mucho porque siempre aprendo algo nuevo, pero, sobre todo, porque alimentan mi esperanza. Es reconfortante descubrir cuántas personas y grupos están dedicados a mejorar la vida de los demás. A veces olvidamos la importancia del servicio y del trabajo colectivo.
Me fascina ver a tanta gente organizada ofreciendo recursos a la comunidad: distribución de alimentos, educación financiera, orientación para enfrentar retos relacionados con el crimen o el transporte, entre muchos otros. En estos talleres se habló sobre cómo participar en las decisiones que toman quienes administran la ciudad.
Los asistentes aprendieron que la comunidad tiene voz en los asuntos públicos y conocieron las distintas maneras de involucrarse: asistir en persona o conectarse virtualmente a las reuniones del Consejo Municipal.
Una de las presentadoras dijo algo que se quedó resonando en mi mente y en mi corazón: “El simple hecho de estar presente marca la diferencia”.
He seguido rumiando esa frase porque conecta con algo que también he aprendido en el trabajo de acompañamiento espiritual. Estoy segura de que una idea similar aparece también en el ámbito de la salud mental y el cuidado emocional.
El libro, How Can I Help?, de Ram Dass y Paul Gorman, habla precisamente de la importancia de estar presentes. En el contexto de las organizaciones comunitarias, la presentadora explicaba que asistir a una reunión del ayuntamiento puede influir en las decisiones que se toman, incluso si una persona no interviene verbalmente.
La mera presencia comunica interés, atención y compromiso. También puede tener un peso especial cuando quien asiste pertenece a una minoría étnica, racial o social cuyos intereses no siempre han sido suficientemente representados.
En el acompañamiento espiritual sucede algo parecido. Hay momentos dolorosos para los que las palabras no alcanzan. A veces, una persona atraviesa una experiencia tan difícil que resulta imposible describirla. Sin embargo, saber que alguien está ahí —sentado a su lado, escuchando o simplemente compartiendo el silencio— puede hacerle sentir que no está sola.
Muchas veces basta con sentarnos junto a alguien. Desde luego, existen muchas otras formas de acompañar. Y, en el ámbito de la participación cívica, hablar puede ser no solo útil, sino necesario. Pero antes de hablar, muchas veces hay que decidir estar.
Más allá de la importancia de participar en decisiones que afectan a nuestras comunidades, conocer el trabajo de distintas organizaciones ha sido profundamente inspirador para mí. Con frecuencia escuchamos a personas expresar frustración por lo que ocurre en su vecindario, su ciudad o su entorno. Sin embargo, muchas no saben por dónde empezar para cambiar aquello que les afecta.
El trabajo comunitario puede ser una puerta de entrada. Ser voluntario, asistir a un evento, apoyar una causa o afiliarse a un grupo son maneras de comenzar.
Solo hace falta investigar un poco. Podemos averiguar qué organizaciones trabajan en nuestro vecindario o en comunidades cercanas. Quizá haya más de una opción: grupos enfocados en educación, distribución de alimentos, apoyo a mujeres, bienestar animal, educación cívica, salud, vivienda o medio ambiente.
Después, conviene investigar si la organización es respetable y si su liderazgo tiene un historial serio y ético. Podemos preguntar a personas de confianza, buscar información en internet o consultar recursos de la biblioteca. El siguiente paso es acercarnos: asistir a un evento, escuchar, observar y descubrir si ese trabajo nos inspira.
Luego de esta experiencia, estoy convencida de que todos podemos buscar una forma de participar en organizaciones que sirven a la comunidad.
Al ayudar a otros, también nos ayudamos a nosotros mismos. El trabajo colectivo y el mejoramiento de nuestras comunidades nos benefician a todos.
A veces, el primer paso es muy sencillo: estar presentes.



