Hace unos días platiqué con un músico, un bandoneonista. Fue una vuelta a los principios de mi carrera. Por años fui reportera cubriendo arte y cultura en México. Más tarde, la vida me puso en una posición de gestora y editora.
Ahora, por gusto, de nuevo escribo sobre las artes, aparte de hacerlo sobre cuestiones espirituales. Aunque cuando medito al respecto, me doy cuenta de que, en realidad, en varios aspectos y momentos, la espiritualidad y el arte son temas que se traslapan.
Esto se debe a que tanto en las artes como en la espiritualidad el factor común es el ser humano y su creatividad. También coinciden en que ambos caminos conllevan una búsqueda, una exploración interna. La diferencia es quizá que el artista tiene el talento para expresar su búsqueda o su descubrimiento en una obra de arte. El resto de nosotros, tratamos de expresar lo descubierto en nosotros mismos, o así podría ser.
Cuando en mis comienzos empecé a entrevistar artistas pude darme cuenta de que algunos pueden sustraerse durante el momento creativo y entran en un espacio que yo percibía como espiritual. Varias veces sentía yo que algunos artistas se expresaban como un sacerdote, hablaban de un espacio más allá de este mundo donde los colores tienen personalidad y las musas los llevan por caminos misteriosos.
Los artistas tienen sus rituales y logran manifestar en sus obras algo simbólico y sublime, bueno también puede ser algo muy directo claro, no hay reglas para la expresión artística, salvo que sea auténtica.
Cuando veo ciertos cuadros o cuando presencio obras o escucho música, percibo que los artistas lograron esa pieza en un momento especial. A veces, la magia creativa se presenta ante el público y podemos observar una actuación, una interpretación en música o una danza que nos transportan a otro lugar. Muchas veces, el artista nos lleva consigo en su trance y podemos visitar su templo, donde el mundo existe de manera diferente por unos minutos. El artista lo sostiene con su imaginación, con su pasión, con su fuerza.
Mi trabajo periodístico muchas veces consiste en describir ese momento de creatividad y contarle al lector común cómo se da ese proceso. Algunos artistas son muy buenos comunicando lo que piensan, otros no tanto. A mí me gusta platicar con ellos y a veces una simple pregunta abre puertas y ventanas al mundo en que ellos crean.
Al conversar con Pablo Jaurena, recordé el privilegio que es poder dialogar con artistas. Él me contó de su amor a primera vista con el bandoneón y el enamoramiento que surgió entonces, así como la relación que aún sostiene con el instrumento y con la música de tango. Va aquí el enlace a la charla.
Al mismo tiempo, mientras meditaba esta mañana, me llegó la idea de que tener acceso a ese mundo de belleza o de una variedad de emociones en el que los artistas entran y salen y en el cual crean sus obras, está abierto a todos.
No todos tenemos el talento para crear obras que fascinen a otros, pero todos tenemos acceso a expresar y manifestar lo que sentimos, aunque no sean obras que lleguen a un museo, ni textos que se publiquen en libros. La entrada al mundo creativo es la misma que la entrada al mundo espiritual: está dentro de nosotros.
Y aquí quiero convocarte a probarlo tú mismo.
Te invito a meditar y a explorar en ese momento de paz y de silencio que se alcanza cuando logramos apaciguar nuestra mente. Cuando llegues a ese oasis, plantéate la intención de crear y observa qué llega a ti. Cuando regreses a la realidad cotidiana, recuerda qué llegó a tu corazón y exprésalo.
Es posible que sea a través de un poema, un dibujo, e incluso una fotografía. Explora tu creatividad y manifiesta lo que las musas o la Divinidad te regalan cuando estás en paz.
Yo he explorado varios caminos artísticos y disfruto mucho dibujando, coloreando, e incluso escribiendo, pero me queda claro que como artista soy mejor reverenda y periodista. Y, sin embargo, eso no me previene de disfrutar un ejercicio creativo de vez en cuando.
Cuéntame cuál es tu trabajo creativo o mejor aún compártelo conmigo.
Hasta la próxima
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