Tuve la oportunidad recientemente de participar en un retiro con otros directores espirituales. Hacía años que no participaba en uno.
Este tipo de pausas en la rutina diaria siempre son reconfortantes para mí. Son una oportunidad para recordar lo importante en la vida. Las prácticas que las organizadoras planearon incluyeron collages para reflexionar sobre lo que nuestra alma anhela, yoga, contemplación de la naturaleza y desde luego, periodos de quietud y silencio.
Aunque terminé mi formación como acompañante espiritual en 2023, no he practicado a tiempo completo dicha actividad. Combino mi ministerio interespiritual con un trabajo en relaciones públicas; aunque como recordé en estos días, una vez que alguien recibe la ordenación, no deja de ser ministro o ministra, lo es en todo momento y en todo lugar; los votos hechos son permanentes y constantes.
Como mi práctica de acompañamiento espiritual ha sido limitada, temía yo estar fuera de lugar en el retiro, pero no fue así. Fue reconfortante y enriquecedor escuchar las experiencias y retos de otros ministros y guías espirituales durante las comidas o entre las actividades planeadas. Varios son exsacerdotes y otros son pastores en activo y desde luego directores espirituales.
El retiro tuvo lugar en una abadía, así que alrededor de nuestras actividades podíamos ver a monjes benedictinos ocupados en sus diferentes tareas. Una tarde, pude asistir a vísperas. Fue todo un regalo escuchar a los monjes cantar las oraciones. La Liturgia de las Horas es una antigua tradición de las iglesias cristianas que consiste en observar momentos específicos de oración a lo largo del día mediante el uso de salmos, pasajes del Evangelio, oraciones de intercesión y antífonas. Las oraciones varían en función de la fecha, la hora, el tiempo litúrgico y el santo del día.
Los cantos para mí, en cualquier tradición espiritual, siempre me ayudan a abrir las puertas para una oración o meditación profunda.
El orden que hay que seguir para las comidas me recordó mis tiempos en que a menudo visitaba yo ashrams. En mi temprana juventud era yo parte de una escuela espiritual en la que se requerían visitas periódicas a los ashrams. Allá el visitante tenía que trabajar entre prácticas de yoga y meditación. Podía uno ayudar en la cocina, en limpieza o dirigiendo talleres para los visitantes. En el retiro reciente, no se nos pedía realizar ningún servicio, pero la estancia tenía sin duda detalles monásticos, como la austeridad de las habitaciones, los horarios bien definidos y el silencio en diferentes espacios y momentos.
No todo el mundo tiene acceso a un retiro, pero sin duda es una práctica recomendada para recargar energía. Días de reflexión, meditación, aprendizaje y mero silencio son un respiro para el alma. No hay prisa para nada.
Hay muchas oportunidades para retiros de diferentes tipos. Algunas iglesias los organizan de acuerdo con sus tradiciones, pero los hay con diferentes enfoques para prácticas espirituales de diferentes tipos, desde el estudio y práctica de yoga hasta eneagrama, para mujeres, solo basta buscar en internet retiros y las opciones abundan.
Mucha gente podría pensar que este tipo de prácticas son un lujo y, hasta cierto punto, lo son, pero también hay opciones accesibles. Lo importante es darse la oportunidad de conocerse mejor uno mismo en un espacio propicio.
Yo terminé el breve retiro de día y medio llena de frescas intenciones. Espero ser más activa en mi trabajo espiritual y seguir ampliando mis conocimientos para servir mejor. Saber que hay otras personas haciendo un trabajo semejante resulta inspirador y reconfortante.
Ojalá tú también puedas darte la oportunidad de vivir un retiro. No siempre es posible viajar a una abadía o reservar varios días lejos de casa, pero la pausa también puede comenzar en lo cotidiano. Un retiro espiritual en casa no necesita ser grandioso ni perfecto: basta con proteger unas horas de atención, silenciar el ruido y dejar que el alma respire.
Aquí te dejo una guía sencilla para empezar, en unas dos horas.
Elige un momento y resérvalo. Silencia tu celular. Prepara un rinconcito sencillo con una vela, una taza de té, un diario, un texto inspirador o un objeto que tenga significado para ti.
Establece una intención: Necesito descansar. Quiero escucharme a mí mismo. Quiero dar gracias. Quiero soltar. No trates de resolverlo todo. Basta con llegar con el corazón abierto.
Una guía flexible
Puedes ajustar el tiempo según la actividad que quieras acortar o a la que quieras dedicarle más tiempo.
Llegada — de 10 a 15 minutos
Siéntate, respira despacio y di: “Estoy aquí. Por ahora, no necesito hacer nada más”.
Guarda silencio — de 20 a 30 minutos
Medita, reza o simplemente observa tu respiración. Cuando surja un pensamiento, nómbralo con suavidad y déjalo pasar.
Lee algo breve — unos 15 minutos
Elige un salmo, un poema, un pasaje espiritual o una frase que te llegue al corazón. Léelo varias veces, sin tratar de analizarlo demasiado.
Camina en silencio — de 20 a 30 minutos
Sal a tu jardín, balcón o vecindario, o camina lentamente por tu casa. Fíjate en los detalles como si los vieras por primera vez.
Escribe — de 25 a 30 minutos
Reflexiona sobre estas preguntas:
¿Qué estoy sintiendo de verdad?
¿De qué necesito liberarme?
¿Por qué estoy agradecido hoy?
¿Cuál es el próximo paso pequeño y lleno de amor?
Cierre — unos 10 minutos
Da las gracias. Elige una palabra para llevarla contigo: paz, claridad, confianza, valentía o descanso.
Te dejo con una frase para recordar:
“No necesito todas las respuestas; solo necesito estar presente para el siguiente paso”.
Espero que te tomes un tiempo para vivir tu propio retiro. Hasta la próxima.




'No necesito todas las respuestas; solo necesito estar presente para escuchar la siguiente pregunta'. Gracias Lilia