Cuando la vida vuelve a preguntarnos para qué estamos aquí
Después de una pausa, vuelvo a escribir sobre una pregunta que siempre regresa: si venimos a cumplir una misión, aprender una lección o simplemente vivir con más conciencia.
Regreso a escribir después de una pequeña pausa.
La verdad, estaba ocupada haciendo la corrección de un libro que pronto publicará en español una activista salvadoreña que me invitó a revisar su obra. Ya lo estaré comentando por aquí cuando se publique.
Al mismo tiempo, luego de una conversación con una persona cercana a mí hace un par de semanas, un tema ha estado rondando mi cabeza. Es un tema muy tratado y que yo pensé que más o menos tenía resuelto, pero al mismo tiempo es algo que sigue cambiando.
Esta persona me decía que no encuentra la respuesta al planteamiento que probablemente todos, o casi todos, nos hacemos en algún momento: “¿a qué vine a esta vida?”. Escucharla me hizo recordar a otras personas que, en diferentes conversaciones, han sacado a la luz el mismo tema.
Esto es algo que muchos no se cuestionan. Simplemente viven y desarrollan su vida sin detenerse a pensar en motivos o misiones. Muchos resuelven el tema a través de sus creencias religiosas. Otros, como yo, encuentran una explicación que alguien a quien consideran inteligente da, ya sea un maestro, gurú, psicólogo, artista o sabio natural, y la adoptan. A veces me parece lógica alguna explicación. Eso es hasta que me topo con alguien más o con algún suceso en la vida, personal o de alguien cercano, que me hace replantearme mis creencias.
Ya he comentado aquí que desde los siete años me he cuestionado la razón de nuestra existencia. A qué vinimos. Algunas explicaciones son que venimos a servir a Dios y que simplemente tenemos que vivir de acuerdo con los lineamientos de nuestra religión y, cuando nuestra vida se acabe, nos vamos muy contentos al cielo. Claro que pasan cosas que nos hacen cuestionarnos estos lineamientos. La vida es la que pasa.
Cuando leí los libros de Brian Weiss y Michael Newton, encontré que la reencarnación de las almas tenía todo el sentido del mundo. No fue un entendimiento intelectual. Cuando leía, algo profundo en mí se removía. A veces lloraba y de pronto me daba cuenta de que algo que había pasado en mi vida tenía todo el sentido del mundo si lo miraba desde ese punto de vista.
Aquel gran amor de la juventud, por ejemplo, no había cruzado caminos conmigo para ser mi pareja. Era simplemente un guía que me había mostrado un camino y luego teníamos que ir por caminos diferentes, porque cada uno tenía trabajos distintos que hacer. Eso me quedó claro unos 15 años después. Fue como si un velo cayera y de pronto viera yo todo un paisaje, y las cosas tuvieran sentido.
Desde entonces, al conocer a algunas personas, siento que hemos vivido antes experiencias juntas. Hemos sido amigos, familiares o socios.
Luego empecé a cuestionarme cuál era la lección que había venido a aprender en esta vida, pero me frustraba al no encontrar una respuesta clara. Poco después empecé mis estudios interreligiosos.
Aquí mismo, en Substack, he leído a un médium, por llamarle de alguna manera, que dice conectarse con altos maestros o entidades de otras galaxias, o de otros niveles de existencia en el universo. Según él, le dicen que los seres humanos ya somos seres iluminados y que no venimos a aprender nada. Solo venimos a experimentar y divertirnos. Esto también provocó que algo dentro de mí se conmoviera.
Hace ya algunos años dejé de preocuparme por mi misión. La razón es que una misión de vida es un peso muy grande. Miles de cosas pueden pasar y esa misión no se logra, o ni siquiera se acerca. De todas maneras, cualquier contexto en el que llegamos a este mundo no tiene sentido si no lo recordamos.
Luego de la conversación reciente sobre este tema, una vez más he tratado de aclarar qué pienso. Tengo que hacerlo de manera individual porque no puedo generalizar para los demás, cada uno tiene que encontrar su respuesta individual. Por un lado, sigo intuyendo que la reencarnación existe, pero como varios maestros espirituales dicen, lo único que realmente cuenta es el aquí y ahora. Si recordara alguna vida pasada, realmente no habría mucho que hacer con esa información. Lo único que puedo afectar es este momento.
El objetivo que yo me he puesto es simplemente ser una persona que sigue aprendiendo, evolucionando para poder irme mejor de lo que llegué y, en el camino, compartir momentos de alegría, aprendizaje y amor con todos los seres humanos con los que interactúo.
Y desde luego, esto es un ideal, porque en la vida real a veces los seres humanos con los que interactúo me ponen retos y desequilibran mis buenas intenciones, pero el ideal ahí sigue.
Si esta fuera acaso mi misión de vida, tratar de vivir cada momento con paz, amor y gozo, puede sonar como muy mundano. Pero eso de salvar universos y liderar toda una nación, bueno, eso solo pasa en las películas. Mejor me quedo con mis metas modestas, de todas maneras, presentan retos, pero también pequeños logros cotidianos que me hacen sentir plena y feliz, al menos por momentos. Esos son los preciosos regalos de la vida. Pensamos, nos esforzamos, pero todos tenemos la capacidad de disfrutar momentos de paz y alegría.
Tú qué piensas. Cuéntame cuál es tu razón, o misión, para estar aquí, y cómo lo haces
.




Querida Lilia, que bella pregunta formulas. Siguiendo tu invitación, he aquí algunas líneas. Me parece que la habilidad del idioma puede ayudarnos en el dilema : SOMOS cierta intensidad, esto es un hecho, y ESTAMOS en una circunstancia que puede comprobarse o no como una misión cuyo alcance depende de la adecuación entre el primer estado y el segundo. Así el pasaje del 'ser' al 'estar' en vida revela la misión en su contexto íntimo o colectivo; el primero se puede cernir más fácilmente porque su alcance es inmediato, mas no es evidente; el segundo comporta más factores a considerar. Por ejemplo, demasiada intensidad puede exceder un contexto que no es favorable y su peso y esencia pueden pasar desapercibidos por generaciones, incluso pueden perderse; eso es parte de lo voluble de la circunstancia. Pero lo importante es la realización en el ser y no la adecuación del estar que es una pura circunstancia, ya sea feliz, desdichada o indiferente. Grandes besos