Y entonces, la curiosidad se vuelve vocación interespiritual
En medio del ruido del mundo, vuelvo a preguntarme qué significa estar despierta a mi papel como parte de esta humanidad.
De nuevo reflexiono en este espacio sobre la importancia de estar presentes y alertas a nuestro papel en los momentos que estamos viviendo como comunidad y, de hecho, como humanidad. Desde joven he tenido el impulso de ayudar a mejorar la sociedad en la que he vivido, pero la vida nos lleva a ciclos y rutinas en que la cotidianeidad nos hace olvidar nuestros ideales. En el mundo hay retos de todo tipo. ¿Cómo podemos arreglar todos estos problemas y vivir en paz y armonía con un desarrollo constante como humanidad? La verdad es que es difícil encontrar una solución.
Desde adolescente, y gracias a mi constante curiosidad, he estado expuesta a diferentes teorías esotéricas, religiosas y psicológicas que hablan de que somos almas que venimos a este mundo a aprender y a vivir experiencias que enriquecerán nuestros conocimientos. Una parte de mi ser cree esto. Mi mente racional a veces se pone escéptica, pero hay cosas que intuyo y que acepto porque las presiento en un nivel muy profundo de mi ser.
No me he especializado en ninguna de las teorías con las que he cruzado caminos, pero sí he conocido suficientes como para tratar de tener una idea general de nuestra función como seres humanos en este planeta y en este momento. Mi inquietud por las diferentes religiones ha sido algo inherente a mi ser. Por eso, cuando hace ya más de diez años recordé que existen ministros interespirituales, busqué dónde estudiar para convertirme en una.
Ya sé que hay unos certificados que uno puede bajar de internet e instantáneamente adquirir el papel que dice que uno es ministro y que puede oficiar bodas. Pero ese no era mi interés; de hecho, cuando entré al seminario ni siquiera se me había ocurrido que hay una parte muy práctica de los estudios, que es oficiar ceremonias de todo tipo. No sabía yo que había gente que vive de ser ministro interespiritual. Mi interés era meramente una búsqueda de conocimiento y aprender diversas prácticas espirituales.
En el proceso también descubrí que no quiero pertenecer a alguna religión, no por el momento, aunque sí me interesa ser parte de una comunidad espiritual. Esa oportunidad la he encontrado en un grupo local de acompañantes espirituales; también estudié para ser acompañante espiritual. Nos vemos cada trimestre y, en un círculo de confianza, siempre es un placer compartir espacio e ideas con personas que recorren un camino similar al propio.
Todos estos estudios años me han ayudado a enfocar mis puntos de vista y a ver y vivir la vida de una mejor manera. He oficiado bodas, un funeral y otras ceremonias que la gente me ha pedido y me gusta mucho hacerlo. En un futuro quiero enfocarme más en eso, igual que en dar charlas y talleres, pero por el momento aún tengo otro trabajo que me ayuda a pagar las cuentas.
Algo con lo que he llegado estar en paz es comprender que yo no puedo cambiar el mundo. Hay mañanas o tardes en que veo lo que pasa en mi país y en otros países y el corazón se me rompe. Quisiera hacer algo, pero luego recuerdo que en realidad el único espacio que puedo afectar es mi entorno inmediato el cual comparto con mi familia, mis amigos, mis compañeros de trabajo y el público con el que interactúo.
Me disciplino lo más que puedo con mis prácticas espirituales: meditación, oración, reflexión, caminatas en silencio, porque solo así puedo mantener mi mente clara y ver que mis reacciones ante los retos cotidianos no me desvíen del ser humano que quiero ser. Es una labor continua. Es curioso cómo la disciplina nos va cambiando de manera sutil. Solo hay que ser constante y poco a poco uno va siendo diferente. Nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones se van suavizando y las ideas son más claras.
No tengo una posición en la vida pública que me permita hacer grandes cambios en la comunidad, pero puedo influir en mis círculos sociales individuales. Todos podemos hacerlo. El truco es darnos cuenta del poder que puede tener una sonrisa, un saludo, escuchar a alguien con atención o simplemente estar presente en silencio.
Te invito a reflexionar cómo tú trabajas por ser un mejor ser humano y cómo poder influir en tu entorno. Hay que descubrir nuestros dones y nuestros poderes, aunque sean sutiles, para trabajar por comunidades que sean mejores para todos.
Cuéntame tus conclusiones.



